Inteligencia emocional: La familia como base

Existen distintos tipos de definiciones de inteligencia que remontan de tiempos muy antiguos, sin embargo en la modernidad el “ser inteligente” se ha llevado a contextos más específicos como es el caso de la inteligencia social, término acuñado por Edward L. Thorndike, quien en 1920, lo utilizó para identificar la habilidad de comprender y motivar a otras personas.

Dentro del contexto familiar, la inteligencia emocional tiene que ver con la capacidad de percibir, comprender y evaluar las emociones de quienes nos rodean en casa día a día. Hay quienes dicen que es un factor que se puede mejorar y educar, otros lo ubican como una característica que viene del nacimiento y que difícilmente es mejorable, pero dentro de la familia, la crianza puede ser clave para discernir entre estos dos polos. 

Según el periodista y ganador del premio Pulitzer, Hodding Carter “hay dos legados perdurables que podemos transmitir a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas” y esa es una muy buena clave para trabajar la inteligencia emocional desde los padres, quienes deben enseñarle a los pequeños la importancia de valorar de dónde vienen, para comprender a dónde van. 

Ese reconocimiento de las raíces se puede dar mediante el bienestar emocional del entorno durante el crecimiento, lo que mejorará las relaciones interpersonales del niño a lo largo de la vida y le permitirá discernir entre los conflictos del día a día, convirtiéndose en seres competentes para relacionarse.  

Claves para determinar la inteligencia emocional

1) Saber identificar las emociones: poder diferenciar entre lo bueno y lo malo, crear un juicio ante las circunstancias y poder ubicar lo que nos hace bien y nos hace mal es primordial para forjar la personalidad del niño, por eso hay que enseñarle sobre las emociones positivas y negativas desde muy temprana edad. Enseñarles a reconocer entre la ira, la tristeza, la alegría y el miedo, como sentimientos comunes es un paso básico para fomentar la inteligencia emocional.

2) Gestionar emociones: simultáneamente se les debe enseñar a los niños que está bien sentir cualquiera de las sensaciones anteriormente nombradas en momentos determinados, no está mal sentirse triste, no está mal sentirse feliz, no está mal sentirse molesto, solo que  deben desarrollar la capacidad de manejar situaciones entendiendo la causa y el efecto que puedan tener sus reacciones. 

3) Trabajar empatía: uno de los signos más avanzados de la inteligencia emocional y una de las claves para entenderla es el hecho de poder ponerse en los zapatos del otro, reconocer los sentimientos ajenos y poder respetarlos es básico para relacionarse con los demás.

¿Qué puede hacer la familia para mejorar la gestión de emociones? 

  • Fomentar la comunicación: los padres y hermanos deben esforzarse en mantener una comunicación lo más abierta y honesta posible, en un espacio seguro como lo es el hogar debe haber tiempo para dejar saber las emociones y sentimientos, siempre con respeto y cariño.
  • Jugar en el tiempo libre: las actividades recreativas son ideales para compartir en familia y enfrentarse a pequeñas frustraciones y dificultades que pueden ser abordadas con sentido del humor y dejar un aprendizaje de responsabilidad y respeto.
  • Abrazarse: el contacto físico, las palabras afectuosas ayudan a reforzar la sensación de seguridad en el hogar, además tiene beneficios comprobados en la salud de los individuos. 

“Al menos un 80% del éxito de la edad adulta proviene de la inteligencia emocional” – Daniel Goleman



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