Sin emoción no hay aprendizaje

Los seres humanos por naturaleza somos emocionales y luego racionales, es decir, primero sentimos y después analizamos.  Con el crecimiento se va aprendiendo cómo regular esas sensaciones para actuar de manera acorde sin dejarnos llevar por los impulsos de las emociones.

Para unir la emoción con el aprendizaje, primero se debe definir emoción como sinónimo de motivación, de un sentimiento positivo que enciende la curiosidad.  Aclarado esto, es más fácil comprender la relación.

El investigador en neurociencia Francisco Mora asegura que “el elemento esencial en el proceso de aprendizaje es la emoción porque sólo se puede aprender aquello que se ama, aquello que le dice algo nuevo a la persona, que significa algo, que sobresale del entorno”. 

Tomando esto como base, se entiende que los estudiantes enfocarán su atención en todo aquello que les despierta las ganas por conocer más. El reto del docente es convertir los conocimientos que quieren impartir en algo interesante que emocione a sus alumnos.

Para cumplir con este reto, se debe hacer uso de recursos y metodologías didácticas que sean atractivas para incentivar la motivación por el aprendizaje. Actualmente los estudiantes de edad más avanzada, se sienten atraídos por las tecnologías. Usan computadoras y teléfonos móviles inteligentes de forma natural,  así que su educación debe apoyarse en el uso de aplicaciones y plataformas virtuales que se adecuen a los objetivos del aprendizaje.

Fomentar la alegría y diversión en el proceso de  enseñanza–aprendizaje es de suma importancia para generar un ambiente agradable donde el alumno estimule sus sentidos para sumergirse dentro del mundo del conocimiento.  

Hay que dejar a un lado el modelo tradicional donde el docente habla y explica, por el contrario, las clases participativas donde el alumno participa activamente, sintiéndose protagonista, son más propicias para avivar las ganas por aprender.

La sana competencia también es una estrategia para estimular la emoción.  Competir por obtener algún incentivo, motiva al estudiante a esforzarse más. Esto también sirve para enseñar el manejo de los errores y cómo tomar de la mejor manera la derrota, para no verla como un fracaso, sino como una oportunidad de mejora para una próxima ocasión. 

En conclusión, los métodos educativos deben buscar la forma de ser creativos para despertar emoción en los estudiantes, ya que de esta forma el aprendizaje será más fácil.

 “Sin emoción –dice– no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”. Francisco Mora.